viernes, 1 de mayo de 2009

EL DESTINO DE LOS LITERATOS





Si no quieres perderte en el olvido - expone Benjamn Franklin - tan pronto como estés muerto o corrompido, o escribes cosas dignas de leerse, o bien haz cosas dignas de escribirse. Interpretando esta contundente frase podemos colegir que el auténtico literato será aquel sujeto que se atreva a hacer de la actividad escritural un estilo de vida. La formación del literato debe aspirar a conjugar la preparación académica con la sabiduría e inspiración que le obsequia la vida misma.

La herramienta de trabajo del literato es esencialmente la escritura. Su quehacer no sigue, como algunos suponen la línea ociosa del facilismo, lo aventurero o lo improvisado. Por el contrario, consiste en un acto reflexivo, exhaustivo y disciplinado, involucra todo un proceso donde los conocimientos y la creatividad se amalgaman para plasmarse al fin en un producto artístico que impacte y cause placer por su estética verbal.

La imagen que se tiene del literato es inapropiada porque se le concibe como un individuo que ejerce una labor poco seria y que invierte su tiempo en cosas vanas. Esta forma de pensar está aun muy arraigado en la consciencia de las personas; de ahí que se menosprecie y no se confíe en la literatura como profesión puesto que en nuestro medio existe experiencias fácticas que demuestran que es imposible vivir de la literatura. Tal es el caso de excelentes escritores que por circunstancias de la vida no se vieron favorecidos por las casa editoriales y por lo tanto no tuvieron la oportunidad de publicar para poder subsistir.

A las personas pragmáticas como los empresarios, por lo general, solo les interesa los beneficios lucrativos que le rinde su trabajo. Y esta mentalidad que los gobierna hace que desde su posición califiquen despectivamente al literato como un cuentero, que malgasta palabras sin un rumbo fijo, que pierde su tiempo en cosas sin sentido porque muchas veces su esfuerzo intelectual no llega a ser recompensado con un sueldo digno.

La realidad de los escritores en el Perú es que tienen que ingeniárselas para tener el tiempo suficiente dedicado a la escritura. Escasean los escritores en actividad porque estos tienen que enfrentarse a un medio hostil producido por la piratería. Este gran mal de la sociedad impide al escritor dedicarse más tiempo al quehacer literario debido a que lo afecta económicamente y lo obliga a recurrir a otros tipos de trabajo.

Lo que les depara a los que deciden tomar la valiente decisión de ser literatos es un sendero difícil, pero no imposible de sobrellevar. El literato como escritor genuino debe prepararse intelectual y emocionalmente para no ser vulnerable ante las críticas despiadadas que el mundo entero le va infligir.

En una modesta opinión sobre el tema versado, considero que el carácter profesional de la literatura implica una disciplina. El trabajo del literato debe ser programático y basarse no en un método radical sino flexible. En este sentido, desmitificar la imagen del literato supone dejar de verlo como un improvisado fanfarrón y reconocerlo como un intelectual que aprende y desarrolla técnicas efectivas con la finalidad de perfeccionar su sistema escritural.

En definitiva, lo único seguro en el destino de los literatos es que en el acto de escribir encuentran un sentido de inmortalidad a sus vidas, de alguna manera retrasan su muerte porque, buenos o malos, sus escritos los sobrevivirán.

FIRMA: Musa Celestial

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